CARIDAD. Por una pequeña hendija pasan los pocos alimentos que pueden llegar a las celdas.
Los familiares de las personas detenidas en el Centro de Detención
Provisional (CDP) de Ambato están preocupados porque en el interior, sus
seres queridos se mueren de hambre. En la práctica, todos los detenidos
esperan que cualquier familiar de los ‘recién llegados’ lleve algún
plato, para compartirlo entre todos.
Allí se encuentran personas que han cometido alguna contravención, como escándalos en la vía pública, faltas de respeto a la autoridad, agresiones, conducir en estado de embriaguez y quienes están próximos a su audiencia de formulación de cargos.
En este lugar, junto al Centro de Rehabilitación Social de Ambato (CRSA), están habilitados cuatro espacios: el más grande para contraventores, otro para choferes, el tercero para mujeres y uno pequeño, donde están personas calificadas como peligrosas, que esperan sus audiencias.
Paulo Terán, jefe de la Policía Judicial de Tungurahua, reconoció esta realidad y dijo que obedece a que “en este lugar la mayoría de personas permanece por horas, algunos 8, otros 12 y otros hasta 48. Por esta razón es que no tienen alimentación”, explicó Terán.
Cuando los internos comienzan a sentir hambre, los familiares deben llevarles comida. A la persona que está próxima a salir en libertad se le denomina ‘pasador’ y es intermediario entre los reos y sus familiares a través de una pequeña hendija de la puerta hasta las celdas.
Se paga por todo
A decir de los familiares de los aprehendidos, los ‘pasadores’ cobran entre uno y dos dólares por cada mediación.
Mario N., quien fue llevado al CDP aproximadamente a las 23:00 del jueves, acusado de protagonizar una pelea en su barrio, ingresó con una chompa azul marca Náutica, pantalón jean y zapatos Reebook, que, al poco tiempo, le fueron arrebatados por dos tipos.
Mario se quedó en camiseta y medias. “Me moría de frío, porque sólo estaban unas 10 personas y uno de ellos me ‘cruzó’ una cobija, le agradecí y me la coloqué en los hombros, para aguantar hasta que amaneciera” afirmó.
‘Acolite’
Cuando ya amaneció, su madre le fue a ver y lo vio desarreglado y asustado. Susana, madre de Mario, dijo que él pidió que le compre unos 10 panes para los ‘panas’ que estaban adentro, porque, a su criterio, había personas que estaban por tres días sin que nadie los visitara y sin comida.
De forma graciosa, y a la vez triste, Mario contó que cuando llega algún familiar de un interno con una tarrina de arroz, todos comen una cuchara que pasa de uno en uno para que no ‘mueran de hambre’, lo mismo pasa con la gaseosa, de un vaso se multiplican los sorbos para pasar la sed.
Según contó uno de los prisioneros, en estas celdas no hay baño y las necesidades biológicas deben hacerse en una esquina.
Hechos aislados
El pasado martes, Cristian David Gómez, de 19 años, murió tras una pelea en el pabellón de contraventores en el CDP. Según testigos del hecho, la ‘bronca’ se formó porque Gómez entró “ebrio e insultando a todos”.
Por este crimen, hay dos sospechosos, que guardan prisión preventiva por asesinato. Este es el primer hecho de sangre que se registra en más de tres años, aseguran las autoridades.
La cifra
4
pabellones tiene el CDP.
Allí se encuentran personas que han cometido alguna contravención, como escándalos en la vía pública, faltas de respeto a la autoridad, agresiones, conducir en estado de embriaguez y quienes están próximos a su audiencia de formulación de cargos.
En este lugar, junto al Centro de Rehabilitación Social de Ambato (CRSA), están habilitados cuatro espacios: el más grande para contraventores, otro para choferes, el tercero para mujeres y uno pequeño, donde están personas calificadas como peligrosas, que esperan sus audiencias.
Paulo Terán, jefe de la Policía Judicial de Tungurahua, reconoció esta realidad y dijo que obedece a que “en este lugar la mayoría de personas permanece por horas, algunos 8, otros 12 y otros hasta 48. Por esta razón es que no tienen alimentación”, explicó Terán.
Cuando los internos comienzan a sentir hambre, los familiares deben llevarles comida. A la persona que está próxima a salir en libertad se le denomina ‘pasador’ y es intermediario entre los reos y sus familiares a través de una pequeña hendija de la puerta hasta las celdas.
Se paga por todo
A decir de los familiares de los aprehendidos, los ‘pasadores’ cobran entre uno y dos dólares por cada mediación.
Mario N., quien fue llevado al CDP aproximadamente a las 23:00 del jueves, acusado de protagonizar una pelea en su barrio, ingresó con una chompa azul marca Náutica, pantalón jean y zapatos Reebook, que, al poco tiempo, le fueron arrebatados por dos tipos.
Mario se quedó en camiseta y medias. “Me moría de frío, porque sólo estaban unas 10 personas y uno de ellos me ‘cruzó’ una cobija, le agradecí y me la coloqué en los hombros, para aguantar hasta que amaneciera” afirmó.
‘Acolite’
Cuando ya amaneció, su madre le fue a ver y lo vio desarreglado y asustado. Susana, madre de Mario, dijo que él pidió que le compre unos 10 panes para los ‘panas’ que estaban adentro, porque, a su criterio, había personas que estaban por tres días sin que nadie los visitara y sin comida.
De forma graciosa, y a la vez triste, Mario contó que cuando llega algún familiar de un interno con una tarrina de arroz, todos comen una cuchara que pasa de uno en uno para que no ‘mueran de hambre’, lo mismo pasa con la gaseosa, de un vaso se multiplican los sorbos para pasar la sed.
Según contó uno de los prisioneros, en estas celdas no hay baño y las necesidades biológicas deben hacerse en una esquina.
Hechos aislados
El pasado martes, Cristian David Gómez, de 19 años, murió tras una pelea en el pabellón de contraventores en el CDP. Según testigos del hecho, la ‘bronca’ se formó porque Gómez entró “ebrio e insultando a todos”.
Por este crimen, hay dos sospechosos, que guardan prisión preventiva por asesinato. Este es el primer hecho de sangre que se registra en más de tres años, aseguran las autoridades.
La cifra
4
pabellones tiene el CDP.


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