(Un artículo de la escritora Sara Rosenberg para inSurGente).- Llegamos a Neptuno -(dios de mares y océanos)- como ríos en creciente porque así fue creciendo sin pausa nuestra capacidad organizativa y de pensamiento crítico. Ha sido emocionante, porque los ríos son voces compartidas que fluían inmensas, insumisas, constantes, para encontrarnos en ese mar humano donde volvimos a decir No al sistema del capital y la usura.
Fue el mayo del habla y la organización. Fue el mayo del aprendizaje de la escucha, el mayo de todos y todas los robados, los humillados, los ofendidos, los indignados, los decididos a cambiar, un mayo para afirmar que estamos juntos y que somos capaces de luchar juntos y seguir luchando juntos. Fue el mayo en el que experimentamos la potencia de decir NO al sistema capitalista y la posibilidad de investigar colectivamente cómo es posible crear otras formas de relación social. Preguntas, grandes preguntas, porque las preguntas siempre son más radicales que las posibles respuestas. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer? Y como en todo proceso hubo diversas velocidades, eclipses de luna, tormentas Solares constantes, con más o menos indignación, con más o menos fuerza, con errores que son aciertos como sucede con toda experiencia científica y humana, con avances y retrocesos, pero lo cierto es que algo muy importante se movió y ha cambiado profundamente; las calles –y la palabra- son nuestras, a pesar de las toneladas de granito que en Madrid queman las plantas de los pies y que -en contra de su alcalde- nos hacen y harán caminar todavía más.
Sabemos que no permitiremos el saqueo de los bancos y las empresas que no han hecho más que acrecentar sus beneficios. En cada asamblea fuimos dándonos cuenta de que el estado es una maquinaria compleja que hay que investigar, analizar y ser capaces de cuestionar con argumentos sólidos y no sólo con protesta. En la segunda semana de acampada se sintió con toda claridad esa necesidad. ¿Cuáles son nuestras capacidades? ¿Cuáles son nuestras alternativas al sistema? ¿Cómo hacer para dar forma a lo que se consensúa ? ¿De qué manera organizarnos para seguir adelante? ¿Cómo hacer para que lo consensuado tenga una peso real en la sociedad que todos deseamos y de alguna manera estamos formando en cada plaza del país? ¿Cuáles son los límites del estado? ¿Cuáles los de la democracia? ¿Qué significa democracia real, si la democracia ha sido el instrumento más útil para el capital? ¿O acaso después de la represión en Barcelona no han dicho que tienen la legitimada de millones de votantes para utilizar la violencia contra el movimiento popular? ¿Y que si reprimen es en nombre de esta democracia? ¿Es posible una democracia diferente, participativa, horizontal, capaz de generar controles efectivos al poder del capital?
Todas estas preguntas –y muchas más- se formularon y reformularon de diversas maneras en cada comisión. En Sol primero y en todas la asambleas barriales después se reflexiona y se piensa colectivamente, se crea, se buscan y nacen respuestas, aunque a veces haya que asumir también las dificultades o la lentitud que esa decisión de pensar y actuar colectivamente implica. Y la dificultad mayor fue sin duda mantener la cohesión aún a fuerza de evitar ciertos temas esenciales que son el soporte mismo del sistema de privilegios del capitalismo. De allí surgió al consigna “Avanzamos lento, porque vamos lejos”. Y el 19 J ha sido la prueba de cuánto se ha crecido.
Y seguiremos creciendo, porque los ríos ya han abierto su cauce –la cohesión necesaria- y ahora se van tocando otras orillas que muchas veces en las asambleas no pudimos tocar. Y me refiero específicamente a la relación de nuestras reivindicaciones –y nuestra vida- con las guerras imperialistas de la Otan, donde España juega un papel fundamental. Transcribo un fragmento del discurso de Rasmussen (Secretario general de la Otan) en su reunión con Zapatero: “Por supuesto en tiempo de crisis económica, los presupuestos de defensa no pueden estar excentos de los recortes, pero veo un riesgo mayor si los aliados europeos retrasan el ritmo de adquisición de material tecnológico” Sin embargo, este vendedor de artilugios de guerra por los que cobrará enormes comisiones, se “olvida” de que España ya tiene previsto gastar más de 25 millones de euros (“cifra que puede crecer por motivos inevitables”) para mantener la infame “misión” en Libia, entre otras. Y la ministra de defensa aclara, para tranquilidad de Rasmussen y sus negocios del terror, que la permanencia de las fuerzas españolas en Libia será indefinida. Según los cálculos de Amadeo Martínez Inglés, coronel de Estado Mayor, el mantenimiento de las fuerzas (más bien anoréxicas) armadas (poco y mal) españolas (compuestas por inmigrantes) en misiones al servicio de la Organización Terrorista nos cuesta cuatro millones y medio de euros diarios. En un reino con cinco millones de parados, y con advertencias de los analistas económicos sobre que la situación económica va a empeorar, ese derroche es un disparate.(Artículo de Arturo del Villar en UCR).
Sin duda son datos escalofriantes que están directamente vinculados con nosotros y con la política económica que se nos impone: paro, recortes, desahucios, pérdida de derechos sociales, robo y usura. La deuda -(“crisis” y “recortes”)- es inmoral e ilegítima, tan inmoral e ilegítima como todas las guerras de la Otan, realizadas en nombre de democracias inexistentes que encubren la más atroz rapiña y que atentan contra la soberanía nacional de los pueblos. Porque la guerra imperial es la base de sustentación del sistema capitalista. Porque el capital financiero-mafioso que recorta y seguirá recortando nuestros derechos básicos al trabajo, la salud, la educación y la vivienda es el mismo capital que invierte en la guerra como única posibilidad de obtención de mayores ganancias rápidas a costa de miles y miles de muertos. Y aquí no quiero analizar la guerra como problema moral solamente, sino como necesidad económica de supervivencia del sistema capitalista en el que vivimos. El gran jefe imperial, lo ha dicho claramente: saldremos de la crisis gracias a la guerra y a la venta de armamento y el robo de los recursos naturales de Africa, Asia y América. Pero tampoco es cierto, porque no se puede salir de la “crisis”, mientras las empresas monopólicas y los bancos sigan acumulando grandes dividendos provenientes de estas guerras y lo reinviertan en más burbujas guerreras. El capital financiero-guerrero sólo alimenta más guerras y más pobreza para los pueblos del mundo.
Aquí nos roban hasta el derecho al trabajo digno y allí nos bombardean: una ecuación atroz por lo simple y efectiva. ¿O acaso no han obligado a Grecia a comprar con millones de euros prestados a altos intereses aviones y tanques y armas fabricadas por la industria de los prestamistas franceses y alemanes?
Y en España, mientras el parlamento vota recortes sociales, se amplían las bases de Rota y Morón, se apoya la guerra indefinida contra Libia, se venden más armas a Israel, se sigue participando en la guerra de Afganistán, y los bancos consiguen enormes ganancias. La relación es clara, nuestra pobreza tiene que ver también con las la inversión en la guerra imperial, que manejan y ganan los señores de la guerra, jamás los pueblos que llenan como ríos las calles y se pronuncian y se pronunciarán cada vez más por la Paz y la democracia con justicia, con soberanía y libertad. ¡No a la guerra imperialista! ¡Otan no, bases fuera!

No hay comentarios:
Publicar un comentario