| Escrito por Gabriel Casoni y Verónica Garcia |
| LIT |
¿Qué
es Cuba hoy? El debate sobre lo que ocurre en la isla es muy polémico
en el interior de la izquierda. Existe una enorme cortina de humo sobre
la realidad de este país. Para muchos, se trata de un Estado obrero, el
“último bastión del socialismo”. Para nosotros, se trata justo de lo contrario.
La
Habana, 14 de enero. Las calles mal iluminadas arrojan una tímida luz
sobre los decadentes caserones coloniales. Los antiguos Cadillacs y
Chevrolets de la década de los 50 pasean tranquilos por la avenida Paseo
del Prado. Carteles oficiales con las fotos de Fidel y Raúl Castro
colorean las paredes viejas. Cerca del imponente edificio El Capitolio,
en una esquina oscura de la Habana Vieja, una cubana es abordada por un
turista europeo. La conversación es rápida, y algunos minutos después la
joven entra en un lujoso hotel para extranjeros. La prostitución ha
vuelto a la isla.
En
la simpática callejuela Obispo nos encontramos a José, vendedor de
libros en el centro de La Habana. José, de expresión cansada y mucho
palique, nos ofrece obras de Marx y de Lenin y nos convida a ir a su
casa para mostrarnos las colecciones. En “su” pequeño apartamento,
repartido entre varias familias, no hay frigorífico, tampoco cama ni
hornilla. Sobre un estante antiguo, los libros empolvados. José nos hace
la oferta sin titubear: “Las obras escogidas de Marx a cambio de tu camiseta”.
La
revolución cubana de 1959 terminó con las paupérrimas condiciones de
vida del pueblo cubano. El colosal desempleo fue reducido hasta el pleno
empleo, el acceso a los alimentos básicos erradicó el hambre, el
derecho a vivienda se convirtió en realidad para todos, la reforma
agraria proporcionó tierra a los campesinos pobres, mientras que el
nivel alcanzado en la educación y en la sanidad se convirtió en un
símbolo mundial de las conquistas de la revolución socialista. Hoy, en
2011, 52 años después de la revolución, ¿cuál es la realidad del pueblo
cubano? ¿Qué ocurrió con sus conquistas? ¿Qué es Cuba hoy?
“Aquí en Cuba hay capitalismo de Estado y miseria para el pueblo”
17
de enero, Santa Clara. En 1958, el Che Guevara, al frente de la columna
rebelde nº8, tomó la ciudad. Su conquista era entonces estratégica para
el triunfo de la revolución cubana. Pasados más de 50 años, una escena
revuelve lo viejo.
En
un café reservado a los turistas, una mesa llama la atención. En ella
un grupo de señores elegantes, con ropas de marcas europeas y zapatos
finos. Se trata de miembros del Partido Comunista Cubano (PCC). El tema
de conversación no es el socialismo ni la revolución, ni mucho menos las
condiciones de vida del pueblo. Están hablando de cómo aprovechar “las
nuevas oportunidades de negocios”.
No
es para menos. En la pequeña isla, el capitalismo prospera.
Multinacionales europeas asociadas a los órganos gubernamentales están
promoviendo una intensa expansión de los negocios privados. Un mundo de
lujo, playas paradisíacas y turismo sexual, coloreado por el encanto
“revolucionario” de la isla, se ofrece para deleite del extranjero.
El
turismo, motor de la economía cubana, desmiente la argumentación de que
los problemas de Cuba tienen origen en el bloqueo comercial
norteamericano, supuesto responsable de la no entrada de recursos.
Solamente en 2010 la actividad inyectó más de 2500 millones de dólares[1],
batiendo un récord, según los informes del gobierno. Juan, trabajador
de una fábrica estatal de alimentos y “orientador” de turistas en sus
horas libres, nos explica: “aquí todo gira en torno al turismo, sólo con el salario de la fábrica se pasa hambre”.
Hambre y miseria
20
de enero, La Habana. Al caminar por el famoso paseo de El Malecón,
podemos ver antiguos edificios, hechos de piedra y tierra. También se
puede observar gente pidiendo dinero en las calles, madres poniendo a
sus hijos a pedir limosna a los extranjeros, hombres y mujeres que
buscan de alguna forma extraer algo de la multitud de turistas que
afluye a su país por ser exótico y barato y porque, en algún momento,
hubo una revolución. Es evidente que ellos contemplan otra Cuba,
diferente de la que el pueblo vive
Existe
una Cuba paralela: la de los turistas y privilegiados por las
conexiones con el alto escalafón del Estado, que viven en óptimas
condiciones materiales. Miguel, trabajador cubano, en un tono contenido y
duro, se desahoga: “Hay negocios en Cuba, el turismo lo domina todo,
las personas ligadas al gobierno están bien, ya que se benefician de
ello. Mientras tanto, la vida del pueblo sólo empeora cada vez más”.
Del
otro lado, el panorama se invierte. La Cuba de hoy es un pueblo que
tiene hambre, que en su miseria material grita y espera cambios. Los
bajos salarios, la falta de vivienda, agua y electricidad, la carencia
de medicamentos y la mísera ración de comida nos recuerdan a cualquier
país latinoamericano. Esas escenas se pueden ver en cualquier calle de
São Paulo, La Paz, Buenos Aires, Bogotá o Lima.
Esta
no es una imagen de un país socialista, ni tampoco de un Estado obrero.
Ésta es la Cuba capitalista. Es lo que nos deja claro un taxista en
Santa Clara: “Aquí en Cuba hay capitalismo de Estado y miseria para
el pueblo. La gente no tiene comida, solamente los que tienen negocios
consiguen mejores condiciones. Para el pueblo… el pueblo tiene hambre”.
Una
imagen que ilustra la ruina económico-social por la que pasa la isla es
la ración alimenticia mantenida por el Estado, de la que dependen la
mayoría de los cubanos. De acuerdo con especialistas[2],
en los años críticos de la década de los 90 (el llamado “período
especial”), la ración mensual suministrada por el Estado garantizaba la
alimentación para 20 días. Actualmente, lo que ya era insuficiente se
convirtió en calamidad. La ración mensual garantiza apenas 12 días de
alimentación para una familia.
“Cambio los libros por medicamentos y ropa”.Las conquistas sociales en decadencia
Santa
Clara, 18 de enero. Los chiquillos corren por la calle, escuchamos
risas que vienen de un edificio y podemos ver padres y madres esperando a
sus hijos: se trata de una vieja escuela de Santa Clara. Un edificio
muy viejo alberga a esos jóvenes, la escuela sufre por las pésimas
condiciones. En las pequeñas aulas, las paredes mal se sustentan. La
calidad de la educación es una de las conquistas que aún sobreviven,
aunque con agujeros en sus entrañas. ¿Qué harán los niños y niñas
después de terminar su educación en un país que no garantiza un salario
mayor que 30 dólares?
La
opinión popular es un indicador preciso de lo que pasa en Cuba. Los
cubanos reconocen la “calidad” de la sanidad y la educación, sin
embargo, señalan que esos servicios están empeorando. Nos encontramos a
Pedro en una fila de autobús en la periferia de La Habana. Al
preguntarle sobre la calidad de la salud y la educación, el trabajador
nos responde: “Está empeorando, cada vez más. Desde la década de los
90 los servicios sociales empeoran… Las actuales reformas las atacan aún
más”.
Del
mismo modo, la caída de la calidad de la sanidad es innegable. La
atención médica será gratuita, pero las medicinas son escasas y, en la
mayoría de los casos, la gente tiene que comprarlas. Esto comenta
Rafael, que hace “apaños” para sobrevivir en La Habana: “Cambio los
libros por medicamentos o ropa. Aquí en Cuba el dinero no existe, para
mí lo más importante es si tengo acceso a medicamentos o ropa”.
Las contrarreformas atacan al pueblo
En 2010, el PIB cubano creció unos anémicos 2,5%, mientras que la producción de alimentos cayó el 15%[3].
Ya un año antes, el gobierno se había visto obligado a suspender
contratos, secuestrar cuentas bancarias y a suspensión de pagos. El
salario medio no deja lugar a dudas sobre la miseria económico-social
que asola a los trabajadores cubanos. Según datos oficiales[4]
el rendimiento medio fue de 456 pesos (cerca de 15 dólares al mes) en
el último año. Pedro, trabajador cubano, nos resume la dramática
situación: “Falta comida, luz y ropa… El salario no da para las necesidades básicas”.
En
este contexto de grave crisis, se está procesando una reforma económica
con medidas drásticas. El gobierno, que emplea a cerca del 90% de los
trabajadores de la isla, anunció un recorte de 500 mil funcionarios
públicos hasta marzo de 2011, como forma de reducir los “abultados
gastos sociales”. Según los analistas, el grueso de los desempleados
–que puede llegar a 1 millón en tres años- tendrá dificultades para ser
absorbida por el mercado. Entre las alternativas sugeridas a quienes no
tengan empleo por el gobierno se encuentran: criar conejos, pintar
edificios o conducir barcos por la bahía de La Habana.
Para
el periodista y escritor cubano Carlos Alberto Montaner, se trata de un
“ajuste brutal, que podría ser calificado de ‘neoliberal’ si estuviese
hecho por un gobierno democrático”. Además afirma que: “En tres años
planean despedir a 1,3 millones de personas. Esto es más del 25% de la
fuerza de trabajo. No habrá empleos para ese enorme número de personas.
La esperanza no admitida por el gobierno es que los familiares y amigos
exiliados los sustenten desde el extranjero”.
Dictadura capitalista y lucha por el socialismo
El letrero semiborrado anuncia la película “Casa Vieja”.
En el antiguo y encantado cine “Karl Marx”, centenas de cubanos asisten
atentos a la película nacional. El filme trata de temas polémicos:
homosexualidad, machismo y relaciones familiares. En un cierto momento,
uno de los protagonistas se dirige a otro personaje y le pregunta: “¿en este país se puede pensar”. El cine se convierte en una gran carcajada, completando la ironía de la escena.
La
dictadura en Cuba amordaza y reprime violentamente. Están prohibidos
los sindicatos independientes, la oposición pública, la libre expresión y
la libertad de organización. En definitiva, no se tolera la más mínima
divergencia organizada en relación al régimen. João, que trabaja en un
teatro en La Habana Vieja, casi susurrando, nos explica la situación: “No
puedo manifestar mis opiniones, no puedo viajar, para hablar con
vosotros tengo que hacerlo en voz baja para que nadie me oiga… Quería
comprarme unos zapatos, pero no puedo, mi sueldo no me lo permite…
Mirad: dicen que la educación es buena y es verdad, pero ¿de qué sirve
eso si no puedo opinar libremente?
Con
la restauración capitalista, el régimen dictatorial se volvió aún más
nefasto. La dictadura “castrista” que se erguía sobre la base social de
un Estado obrero, hoy se apoya en el capitalismo. La diferencia en
relación a cualquiera de los países latinoamericanos que derribaron
regímenes dictatoriales en la década de los 80 es que en Cuba, frente al
ajuste neoliberal del gobierno, no se pueden hacer huelgas, realizar
manifestaciones ni organizar un sindicato libre.
En
el sistema capitalista existe una lucha incesante para definir quién es
el más “fuerte”, pues el objetivo es conseguir más dinero y mejores
condiciones materiales. Una minoría obtiene privilegios económicos a
costa de la mayoría, que trabaja duramente para obtener al menos un poco
de alimento, mientras que hay personas que están sufriendo el síndrome
del desempleo. La expresión de dolor es común entre la gente que, en su
miseria, trata de encontrar alguna alegría para sobrevivir. Esto es
exactamente lo que ocurre en Cuba bajo la “bota” de la dictadura.
La
tarea inmediata y más sentida por el pueblo cubano es el derrocamiento
de la dictadura. Junto a esa lucha, es preciso estar contra los “ajustes
neoliberales” anunciados recientemente por el gobierno, así como
defender las conquistas sociales que aún perduran. La lucha por el
socialismo en Cuba presupone retomar la propiedad estatal de los
principales medios de producción, además de reconquistar la
planificación económica y el monopolio sobre el comercio exterior. ¡Es
necesaria una segunda revolución política y social en Cuba!
|
lunes, 30 de enero de 2012
Cuba: relatos sobre la restauración del capitalismo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Copyright Text
Info


No hay comentarios:
Publicar un comentario