Dorso

lunes, 30 de enero de 2012

Cuba: relatos sobre la restauración del capitalismo

Escrito por Gabriel Casoni y Verónica Garcia   
LIT
¿Qué es Cuba hoy? El debate sobre lo que ocurre en la isla es muy polémico en el interior de la izquierda. Existe una enorme cortina de humo sobre la realidad de este país. Para muchos, se trata de un Estado obrero, el “último bastión del socialismo”. Para nosotros, se trata justo de lo contrario.

La Habana, 14 de enero. Las calles mal iluminadas arrojan una tímida luz sobre los decadentes caserones coloniales. Los antiguos Cadillacs y Chevrolets de la década de los 50 pasean tranquilos por la avenida Paseo del Prado. Carteles oficiales con las fotos de Fidel y Raúl Castro colorean las paredes viejas. Cerca del imponente edificio El Capitolio, en una esquina oscura de la Habana Vieja, una cubana es abordada por un turista europeo. La conversación es rápida, y algunos minutos después la joven entra en un lujoso hotel para extranjeros. La prostitución ha vuelto a la isla.

En la simpática callejuela Obispo nos encontramos a José, vendedor de libros en el centro de La Habana. José, de expresión cansada y mucho palique, nos ofrece obras de Marx y de Lenin y nos convida a ir a su casa para mostrarnos las colecciones. En “su” pequeño apartamento, repartido entre varias familias, no hay frigorífico, tampoco cama ni hornilla. Sobre un estante antiguo, los libros empolvados. José nos hace la oferta sin titubear: “Las obras escogidas de Marx a cambio de tu camiseta”.

La revolución cubana de 1959 terminó con las paupérrimas condiciones de vida del pueblo cubano. El colosal desempleo fue reducido hasta el pleno empleo, el acceso a los alimentos básicos erradicó el hambre, el derecho a vivienda se convirtió en realidad para todos, la reforma agraria proporcionó tierra a los campesinos pobres, mientras que el nivel alcanzado en la educación y en la sanidad se convirtió en un símbolo mundial de las conquistas de la revolución socialista. Hoy, en 2011, 52 años después de la revolución, ¿cuál es la realidad del pueblo cubano? ¿Qué ocurrió con sus conquistas? ¿Qué es Cuba hoy?

“Aquí en Cuba hay capitalismo de Estado y miseria para el pueblo”

17 de enero, Santa Clara. En 1958, el Che Guevara, al frente de la columna rebelde nº8, tomó la ciudad. Su conquista era entonces estratégica para el triunfo de la revolución cubana. Pasados más de 50 años, una escena revuelve lo viejo.

En un café reservado a los turistas, una mesa llama la atención. En ella un grupo de señores elegantes, con ropas de marcas europeas y zapatos finos. Se trata de miembros del Partido Comunista Cubano (PCC). El tema de conversación no es el socialismo ni la revolución, ni mucho menos las condiciones de vida del pueblo. Están hablando de cómo aprovechar “las nuevas oportunidades de negocios”.

No es para menos. En la pequeña isla, el capitalismo prospera. Multinacionales europeas asociadas a los órganos gubernamentales están promoviendo una intensa expansión de los negocios privados. Un mundo de lujo, playas paradisíacas y turismo sexual, coloreado por el encanto “revolucionario” de la isla, se ofrece para deleite del extranjero.

El turismo, motor de la economía cubana, desmiente la argumentación de que los problemas de Cuba tienen origen en el bloqueo comercial norteamericano, supuesto responsable de la no entrada de recursos. Solamente en 2010 la actividad inyectó más de 2500 millones de dólares[1], batiendo un récord, según los informes del gobierno. Juan, trabajador de una fábrica estatal de alimentos y “orientador” de turistas en sus horas libres, nos explica: “aquí todo gira en torno al turismo, sólo con el salario de la fábrica se pasa hambre”.
 
Hambre y miseria

20 de enero, La Habana. Al caminar por el famoso paseo de El Malecón, podemos ver antiguos edificios, hechos de piedra y tierra. También se puede observar gente pidiendo dinero en las calles, madres poniendo a sus hijos a pedir limosna a los extranjeros, hombres y mujeres que buscan de alguna forma extraer algo de la multitud de turistas que afluye a su país por ser exótico y barato y porque, en algún momento, hubo una revolución. Es evidente que ellos contemplan otra Cuba, diferente de la que el pueblo vive

Existe una Cuba paralela: la de los turistas y privilegiados por las conexiones con el alto escalafón del Estado, que viven en óptimas condiciones materiales. Miguel, trabajador cubano, en un tono contenido y duro, se desahoga: “Hay negocios en Cuba, el turismo lo domina todo, las personas ligadas al gobierno están bien, ya que se benefician de ello. Mientras tanto, la vida del pueblo sólo empeora cada vez más”.

Del otro lado, el panorama se invierte. La Cuba de hoy es un pueblo que tiene hambre, que en su miseria material grita y espera cambios. Los bajos salarios, la falta de vivienda, agua y electricidad, la carencia de medicamentos y la mísera ración de comida nos recuerdan a cualquier país latinoamericano. Esas escenas se pueden ver en cualquier calle de São Paulo, La Paz, Buenos Aires, Bogotá o Lima.

Esta no es una imagen de un país socialista, ni tampoco de un Estado obrero. Ésta es la Cuba capitalista. Es lo que nos deja claro un taxista en Santa Clara: “Aquí en Cuba hay capitalismo de Estado y miseria para el pueblo. La gente no tiene comida, solamente los que tienen negocios consiguen mejores condiciones. Para el pueblo… el pueblo tiene hambre”.

Una imagen que ilustra la ruina económico-social por la que pasa la isla es la ración alimenticia mantenida por el Estado, de la que dependen la mayoría de los cubanos. De acuerdo con especialistas[2], en los años críticos de la década de los 90 (el llamado “período especial”), la ración mensual suministrada por el Estado garantizaba la alimentación para 20 días. Actualmente, lo que ya era insuficiente se convirtió en calamidad. La ración mensual garantiza apenas 12 días de alimentación para una familia.

“Cambio los libros por medicamentos y ropa”.Las conquistas sociales en decadencia

Santa Clara, 18 de enero. Los chiquillos corren por la calle, escuchamos risas que vienen de un edificio y podemos ver padres y madres esperando a sus hijos: se trata de una vieja escuela de Santa Clara. Un edificio muy viejo alberga a esos jóvenes, la escuela sufre por las pésimas condiciones. En las pequeñas aulas, las paredes mal se sustentan. La calidad de la educación es una de las conquistas que aún sobreviven, aunque con agujeros en sus entrañas. ¿Qué harán los niños y niñas después de terminar su educación en un país que no garantiza un salario mayor que 30 dólares?

La opinión popular es un indicador preciso de lo que pasa en Cuba. Los cubanos reconocen la “calidad” de la sanidad y la educación, sin embargo, señalan que esos servicios están empeorando. Nos encontramos a Pedro en una fila de autobús en la periferia de La Habana. Al preguntarle sobre la calidad de la salud y la educación, el trabajador nos responde: “Está empeorando, cada vez más. Desde la década de los 90 los servicios sociales empeoran… Las actuales reformas las atacan aún más”.

Del mismo modo, la caída de la calidad de la sanidad es innegable. La atención médica será gratuita, pero las medicinas son escasas y, en la mayoría de los casos, la gente tiene que comprarlas. Esto comenta Rafael, que hace “apaños” para sobrevivir en La Habana: “Cambio los libros por medicamentos o ropa. Aquí en Cuba el dinero no existe, para mí lo más importante es si tengo acceso a medicamentos o ropa”.

Las contrarreformas atacan al pueblo

En 2010, el PIB cubano creció unos anémicos 2,5%, mientras que la producción de alimentos cayó el 15%[3]. Ya un año antes, el gobierno se había visto obligado a suspender contratos, secuestrar cuentas bancarias y a suspensión de pagos. El salario medio no deja lugar a dudas sobre la miseria económico-social que asola a los trabajadores cubanos. Según datos oficiales[4] el rendimiento medio fue de 456 pesos (cerca de 15 dólares al mes) en el último año. Pedro, trabajador cubano, nos resume la dramática situación: “Falta comida, luz y ropa… El salario no da para las necesidades básicas”.

En este contexto de grave crisis, se está procesando una reforma económica con medidas drásticas. El gobierno, que emplea a cerca del 90% de los trabajadores de la isla, anunció un recorte de 500 mil funcionarios públicos hasta marzo de 2011, como forma de reducir los “abultados gastos sociales”. Según los analistas, el grueso de los desempleados –que puede llegar a 1 millón en tres años- tendrá dificultades para ser absorbida por el mercado. Entre las alternativas sugeridas a quienes no tengan empleo por el gobierno se encuentran: criar conejos, pintar edificios o conducir barcos por la bahía de La Habana.

Para el periodista y escritor cubano Carlos Alberto Montaner, se trata de un “ajuste brutal, que podría ser calificado de ‘neoliberal’ si estuviese hecho por un gobierno democrático”. Además afirma que: “En tres años planean despedir a 1,3 millones de personas. Esto es más del 25% de la fuerza de trabajo. No habrá empleos para ese enorme número de personas. La esperanza no admitida por el gobierno es que los familiares y amigos exiliados los sustenten desde el extranjero”.

Dictadura capitalista y lucha por el socialismo

El letrero semiborrado anuncia la película “Casa Vieja”. En el antiguo y encantado cine “Karl Marx”, centenas de cubanos asisten atentos a la película nacional. El filme trata de temas polémicos: homosexualidad, machismo y relaciones familiares. En un cierto momento, uno de los protagonistas se dirige a otro personaje y le pregunta: “¿en este país se puede pensar”. El cine se convierte en una gran carcajada, completando la ironía de la escena.

La dictadura en Cuba amordaza y reprime violentamente. Están prohibidos los sindicatos independientes, la oposición pública, la libre expresión y la libertad de organización. En definitiva, no se tolera la más mínima divergencia organizada en relación al régimen. João, que trabaja en un teatro en La Habana Vieja, casi susurrando, nos explica la situación: “No puedo manifestar mis opiniones, no puedo viajar, para hablar con vosotros tengo que hacerlo en voz baja para que nadie me oiga… Quería comprarme unos zapatos, pero no puedo, mi sueldo no me lo permite… Mirad: dicen que la educación es buena y es verdad, pero ¿de qué sirve eso si no puedo opinar libremente?

Con la restauración capitalista, el régimen dictatorial se volvió aún más nefasto. La dictadura “castrista” que se erguía sobre la base social de un Estado obrero, hoy se apoya en el capitalismo. La diferencia en relación a cualquiera de los países latinoamericanos que derribaron regímenes dictatoriales en la década de los 80 es que en Cuba, frente al ajuste neoliberal del gobierno, no se pueden hacer huelgas, realizar manifestaciones ni organizar un sindicato libre.

En el sistema capitalista existe una lucha incesante para definir quién es el más “fuerte”, pues el objetivo es conseguir más dinero y mejores condiciones materiales. Una minoría obtiene privilegios económicos a costa de la mayoría, que trabaja duramente para obtener al menos un poco de alimento, mientras que hay personas que están sufriendo el síndrome del desempleo. La expresión de dolor es común entre la gente que, en su miseria, trata de encontrar alguna alegría para sobrevivir. Esto es exactamente lo que ocurre en Cuba bajo la “bota” de la dictadura.

La tarea inmediata y más sentida por el pueblo cubano es el derrocamiento de la dictadura. Junto a esa lucha, es preciso estar contra los “ajustes neoliberales” anunciados recientemente por el gobierno, así como defender las conquistas sociales que aún perduran. La lucha por el socialismo en Cuba presupone retomar la propiedad estatal de los principales medios de producción, además de reconquistar la planificación económica y el monopolio sobre el comercio exterior. ¡Es necesaria una segunda revolución política y social en Cuba!

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