| Escrito por CEI-LIT(CI) |
Frente
a los salarios de 18 dólares mensuales, los despidos masivos, el
deterioro de la salud y la educación y el peligro de una brutal
represión
Los
trabajadores, la juventud y el pueblo cubano —que protagonizaron la
primera y única revolución socialista victoriosa en América— hoy viven
una situación desesperada. Los trabajadores y el pueblo cubano pasan
hambre, porque no consiguen sobrevivir con un salario de 18 dólares
mensuales. Por otra parte, esta situación tiende agravarse en forma
cualitativa, pues el gobierno ha anunciado, para los próximos meses,
nuevos ataques a su nivel de vida, entre ellos el despido de un millón
trescientos mil trabajadores estatales.
Una
parte de los trabajadores cubanos consigue sobrevivir a costa de algún
familiar que le envía dinero desde el exterior. Pero la mayoría no
tienen esa ayuda y por eso son obligados a humillarse frente a los
turistas (dos millones y medio en 2010), a acosarlos pidiéndoles
propinas por cualquier tipo de servicio (real o inventado), a vender los
famosos habanos robados, a pedir un jabón, un champú o un simple
caramelo, a la vez que crecen, en forma impresionante, dos flagelos que
habían desaparecido con la revolución: la mendicidad y la prostitución.
Hasta
ahora, a diferencia de lo que pasó en los países del Este europeo,
cuando los partidos comunistas restauraron el capitalismo, en Cuba no se
han producido grandes movilizaciones contra el gobierno. El prestigio
de la dirección cubana, por haber sido en el pasado quien estuvo a la
cabeza de la revolución contra el capitalismo y el imperialismo, fue un
importante freno a la acción de las masas contra el gobierno y contra el
Partido Comunista. Pero la paciencia de los cubanos parece estar
llegando a su fin. El descontento con la situación y con el gobierno de
los hermanos Castro, es actualmente generalizado y no está descartado
que, a corto o a mediano plazo, se dé en Cuba una explosión similar a la
que ocurrió en los países del Este europeo a fines de la década del
’80, o las que ahora estamos presenciando en los países árabes.
El
gobierno y el Partido Comunista Cubano saben de ese peligro, por eso no
permiten que llegue, por medio de la televisión, o la radio (ambas
controladas por el gobierno), cualquier tipo de información sobre lo que
las masas están haciendo en los países árabes. Por otra parte, hay que
recordar que el pueblo cubano no tiene acceso a Internet y que en Cuba
no existen, ni diarios ni revistas (a no ser los del Partido Comunista)
Sin
embargo, frente a tanta explotación y humillación, es muy difícil que
la censura del gobierno, para impedir que los cubanos sepan lo que está
ocurriendo en el resto del mundo, tenga éxito.
De
una u otro forma, más tarde o más temprano, los trabajadores cubanos se
van a rebelar contra esta situación, y cuando esto ocurra, una nueva y
gran amenaza se va alzar sobre sus cabezas: la represión. Por eso es que
llamamos, desde ya, a “rodear de solidaridad a los trabajadores y al pueblo cubano”
Decir la verdad, por cruda que sea
Hay
miles y miles de trabajadores, campesinos y estudiantes en todo el
mundo, que consideran que Cuba y su dirección, en especial Fidel Castro,
es la referencia para todos aquellos que luchamos por el socialismo.
También son muchos los que son críticos a la dirección cubana, sin
embargo, consideran que en Cuba, a diferencia de lo que pasó en los
otros ex-Estados obreros (URSS, China y Este Europeo), no se restauró el
capitalismo.
Para
estos miles de compañeros, llegar a la conclusión de que el capitalismo
se restauró en Cuba, sería una gran desmoralización. Pero a los
trabajadores, a los campesinos, a los estudiantes y a los intelectuales
de todo el mundo, tenemos la obligación de decirles la verdad, por cruda
que ella sea. Porque sólo la verdad es revolucionaria y hay dos grandes
verdades que todos tienen que saber y que explican el drama que viven
los trabajadores y el pueblo cubano: la primera es que el hambre, el
desempleo, los salarios miserables, los mendigos y las prostitutas, no
son más que las consecuencias de algo que ya ocurrió en nuestra querida
Cuba: la vuelta del capitalismo. Y la segunda verdad, que no se
puede seguir ocultando, es que el odiado capitalismo no fue restaurado
ni por los gusanos, ni por una invasión yanqui. En Cuba, al igual que en
la ex URSS o en China, el capitalismo fue restaurado, en nombre del
socialismo, por el gobierno y por la dirección del Partido Comunista.
En
Cuba, en 1959, las fuerzas guerrilleras, comandadas por Fidel Castro,
Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, derrotaron a las fuerzas del
dictador Batista. Poco tiempo después la Revolución Cubana enfrentó a
todos los capitalistas, nacionales y extranjeros, y puso sus recursos
económicos al servicio del desarrollo del país. Para hacerlo se tomaron
tres importantes medidas en el terreno económico: la expropiación y
nacionalización de todos los medios de producción (fábricas, tierras,
comercio, bancos etc.), el monopolio del comercio exterior y la
planificación centralizada de la economía. Fue con base en esa medidas
que los trabajadores consiguieron una serie de conquistas, la mayoría de
las cuales no existían, ni existen en otros países del continente (ni
siquiera en los EE.UU): el pleno empleo, vivienda para todos, medicina
gratuita y de alta calidad (también para todos), el fin del
analfabetismo, el fin de la prostitución, altos índices de escolaridad
(hasta hoy el 50% de los trabajadores cubanos han realizado 12 años de
estudios) y finalmente, pero no menos importante, los cubanos
conquistaron el orgullo de ser un pueblo que fue capaz de mostrar, para
los trabajadores de todo el continente, que al capitalismo y al
imperialismo se lo puede enfrentar y derrotar.
Sin
embargo, esas tres medidas (nacionalización de los medios de
producción, monopolio del comercio exterior y planificación centralizada
de la economía), fueron eliminadas en los inicios de los años ‘90 por
el gobierno y por la dirección del Partido Comunista, hasta tal punto
que la propia Constitución del país fue cambiada para permitir la
propiedad privada de los medios de producción. De esta forma los
“derechos” del capital, que habían sido eliminados con la revolución,
fueron restablecidos, y con la vuelta del capitalismo, las viejas lacras
del periodo en que gobernaba Batista volvieron.
Los
defensores del gobierno cubano dicen que el capitalismo no fue
restaurado, que simplemente lo que se ha hecho es permitir la actuación
de empresas extranjeras en el país, pero respetando las leyes cubanas y
que, por otra parte, el grueso de las empresas son del Estado, que
continua siendo “socialista”.
Todo
eso no es así. Es verdad que las empresas extranjeras son obligadas a
respetar las leyes cubanas, pero también es verdad que se aprobaron
nuevas leyes, entre ellas la Ley de Inversiones Extranjeras, para
posibilitar que las empresas extranjeras tengan muchos más derechos que
los que tendrían, esas mismas empresas, en cualquier otro país del
mundo. Por otra parte, el conjunto de las empresas que existen en el
país, sean estatales, mixtas o de capital cubano o extranjero, no
trabajan para una economía socialista (para un plan económico central),
sino para el mercado nacional e internacional. También es necesario
aclarar que los cubanos que trabajan en las empresas internacionales no
tienen la protección del Estado “socialista” cubano. Por el contrario,
el trabajador cubano no recibe el mismo salario que pagan esas empresas
en otras partes del mundo. Los cubanos sólo ganan sus miserables 18
dólares mensuales, siendo que la mayoría de esas empresas son de
propiedad mixta (asociadas con el Estado) ¿Cuál es por lo tanto el papel
del Estado cubano? Garantizar no sólo los derechos del capital
internacional para explotar cruelmente a los trabajadores cubanos, sino
ser socio en esa explotación, que es cualitativamente superior a la que
se llevan adelante en la mayoría de los países de América Latina y el
mundo.
Cuba, el país de las desigualdades
Los
cubanos viven en el peor de los mundos. Trabajan, al igual que sus
hermanos del resto de los países, para una economía de mercado, pero en
función de sus salarios, prácticamente no tienen acceso a ese mismo
mercado.
Quizás
la escena más triste que encuentra quien visita la Isla, es ver a los
bellos niños cubanos, sin juguetes. No con pocos juguetes. Sin juguetes.
Es que los juguetes son prohibidos. Son artículos demasiado superfluos
para un padre o una madre que ganan 18 dólares mensuales.
Los
salarios de los trabajadores cubanos, comparados con los trabajadores
del resto del mundo, siempre fueron bajos, pero como producto de las
medidas económicas tomadas después de la revolución, el salario social
era muy alto. El pueblo gastaba muy poco en alimentación porque los
trabajadores comían gratuitamente en las empresas, los niños en las
escuelas, y los productos básicos para la alimentación (y también para
la limpieza) eran entregados por el gobierno, a precios simbólicos, por
medio de la libreta de abastecimiento.
Hoy
la realidad es la opuesta. Con la restauración de la economía de
mercado, los salarios son más bajos que antes y una gran parte del
salario social ya ha desaparecido o tiende a desaparecer. En el grueso
de las empresas los comedores han sido cerrados, los nuevos planes del
gobierno pretende acabar con el doble turno en las escuelas, y
finalmente, la mayoría de los productos, que hacían parte de la libreta
de abastecimiento, han sido eliminados, a la vez que se anuncia el fin
de la propia libreta.
Como
producto de la revolución se hizo una profunda reforma urbana que
permitió a todos los cubanos, pagando una pequeña cantidad, tener
garantizada su vivienda. A partir de allí era responsabilidad del
gobierno cuidar del mantenimiento de las fachadas, y responsabilidad de
los moradores de garantizar el mantenimiento de la parte interna. Sin
embargo, en la actualidad (desde hace como mínimo dos décadas) ni el
gobierno garantiza el mantenimiento de las fachadas ni los moradores, de
los barrios obreros y populares, con sus 18 dólares de salario, tienen
condiciones para garantizar el mantenimiento interno. El resultado son
barrios enteros en donde las casas están llenas de vidrios rotos,
goteras, filtración de agua, paredes y pisos semidestruidos,
instalaciones eléctricas expuestas y en pésimas condiciones, agujeros en
el lugar donde algún día hubo una puerta o una ventana, incluso casas,
las más antiguas, que se derrumban por la falta de mantenimiento. De
esta forma las condiciones de vida de esas familias de trabajadores
cubanos son muy similares, o incluso peores, a las de las familias
argentinas que habitan las “Villa Miseria” o las brasileras que habitan
las “Favelas”
Pero
no todo es miseria en Cuba. Existen barrios llenos de antiguas
mansiones, muy bien conservadas, en donde viven los nuevos burgueses,
los burócratas del gobierno y los representantes de las empresas
extranjeras.
También existen villas militares con muy buenas viviendas, tan bien conservadas que, a pesar de ser antiguas, pareciera que hubiesen sido recién construidas. Existen millones de turistas extranjeros que llenan los hoteles, restaurantes y bares de la Habana y de otras ciudades, a los cuales el pueblo cubano no puede ni aproximarse, a no ser para ofrecer servicios sexuales o su bella música, para al final salir pidiendo, de mesa en mesa, una propina para poder comer, porque los artistas, que no se alimentan sólo del arte, no reciben ningún tipo de pago por su actuación.
A
partir de la revolución, Cuba se transformó en el país más igualitario
de América, pero hoy es exactamente lo contrario. La desigualdad social
es tan chocante que crea, en los revolucionarios que visitan la isla,
una mezcla de sorpresa, indignación y hasta malestar. Es triste escuchar
de la boca de muchas personas de ese admirado pueblo cubano, culto,
alegre y musical, frases tan chocantes como estas: “Cuando nos vestimos no comemos, y cuando comemos no nos vestimos” o “Los cubanos decimos que somos como los payasos: reímos por fuera y lloramos por dentro.”
Falsos argumentos
Quienes
desde afuera de Cuba defienden el gobierno y el régimen castrista
(adentro de Cuba es muy difícil encontrar alguien que lo haga),
argumentan que el gobierno tuvo que abrir las puertas al capitalismo
internacional para defender el “socialismo”, porque Cuba estaba aislada
después del fin de la URSS y por lo tanto no tenía otra alternativa.
Este
argumento es doblemente mentiroso. En primer lugar porque no es verdad
que el gobierno cubano apeló al capitalismo para defender el socialismo.
Apeló al capitalismo internacional para restaurar el capitalismo. No
fue para defender el socialismo que se acabó con la propiedad estatal de
los medios de producción, con el monopolio del comercio exterior y con
la planificación centralizada de la economía, de la misma manera que no
es una medida socialista echar a la calle a más de un millón de
trabajadores, o desabastecer las farmacias populares para que los
trabajadores tengan que comprar los remedios en las farmacias de los
hoteles internacionales.
En
segundo lugar cabe preguntarse: ¿por qué Cuba estaba aislada cuando aún
era un Estado obrero? ¿Fue por qué los trabajadores y los pueblos del
resto del continente y del mundo no luchaban o no hacían revoluciones?
No. No fue por eso, sino porque la dirección cubana llevó adelante la
misma política que tuvieron las direcciones de la URSS, China, Alemania
Oriental, etc.: la coexistencia pacífica con el imperialismo, en lugar
de revolución latinoamericana y mundial.
Como
muestra más evidente de esa política está el caso de la Revolución
Sandinista en Nicaragua. La dirección sandinista, después derrotar al
ejército de Somoza y tomar el poder, se dirigió a Cuba para
entrevistarse con Fidel Castro y este les dio el siguiente consejo: “No
hagan de Nicaragua una nueva Cuba”. Es decir, no expropien ni a la
burguesía nacional ni al imperialismo. Y ahí está los resultados.
Nicaragua actualmente, dirigida por el ex comandante guerrillero y
actual multimillonario Daniel Ortega, es no sólo un Estado capitalista,
sino uno de los países del mundo en donde reina la mayor desigualdad
social.
Fue
justamente esa política, de coexistencia pacífica con el imperialismo
en un mundo dominado por él, la que llevó a la crisis a todas las
economías de los ex Estados obreros, y a todas las burocracias
gobernantes a buscar, a fines de la década del ‘80, el apoyo de las
potencias imperialistas para salir de esa crisis. No sólo en la forma de
créditos, como lo habían hecho unos años atrás, sino con el
restablecimiento de los derechos del capital para superexplotar a los
trabajadores de esos Estados. Cuba, por ser dirigida por una burocracia,
con intereses muy diferentes a los de los trabajadores de ese país, no
fue ni podía ser una excepción.
La “democracia” en Cuba
Los
defensores del gobierno cubano, de fuera de Cuba, dicen que en ese país
hay democracia. Que es verdad que no hay democracia para los gusanos
pero que hay democracia para los trabajadores y para el pueblo.
Dentro
de Cuba nadie dice eso porque quien lo hiciese estaría arriesgado, en
el mejor de los casos, recibir como respuesta una sonora carcajada. Los
que dicen que en Cuba hay democracia para los trabajadores tendrían que
decir: ¿qué organismo de los trabajadores votó el salario de 18 dólares?
¿qué organismo votó que había que echar a la calle a un millón
trescientos mil trabajadores? ¿qué organismo de los trabajadores votó
que los cubanos no pueden leer ningún periódico?, a no ser que sea Granma,
el órgano oficial del Partido Comunista. ¿Qué organismo de los
trabajadores votó que el pueblo cubano no puede acceder a Internet?
Pero
sobre este tema de la democracia obrera también es necesario decir la
verdad, por cruda que ella sea. Y la verdad es que nunca hubo democracia
para los obreros y el pueblo cubano, ni siquiera en los momentos
dorados de la revolución, cuando estaban expropiando a los capitalistas y
al imperialismo, y eso explica mucho de lo que está ocurriendo en la
actualidad.
Cuba
era un Estado obrero porque a partir de la expropiación de la burguesía
fue eliminado el derecho del capital a explotar a los trabajadores,
pero en Cuba nunca fueron los trabajadores, por medio de sus organismos,
quienes controlaron los destinos de ese país.
Lo
que existía y existe en Cuba es un régimen idéntico al que existía en
la ex-URSS y al que existe en China: un régimen basado en un partido
único, el Partido Comunista, apoyado en las Fuerzas Armadas. Pero en
realidad sería equivocado afirmar que el Partido Comunista dirigía o
dirige Cuba. Quien está al frente del Estado cubano es un pequeño grupo
en torno a Fidel y Raúl Castro, porque para que el Partido Comunista
pudiese dirigir tendría que tener algún tipo de democracia interna y eso
no existe. El partido Comunista Cubano prácticamente no realiza
congresos. Ahora, en el mes de abril, van a realizar uno, después de 16
años, pero en realidad ese “Congreso” será una reunión de burócratas,
pues los delegados, según informa Granma, serán elegidos por un plenario de secretarios generales.
La
restauración del capitalismo en la Isla, combinada con la total falta
de democracia, ha dado como resultado la existencia de una dictadura muy
similar a las peores y más sanguinarias dictaduras del mundo. En
realidad, en algunos aspectos, se trata de una dictadura mucho peor que
aquellas. Por ejemplo, durante la dictadura de Mubarak, en Egipto, había
algunos partidos legales de oposición, había varios diarios sometidos a
la censura, pero había. Había pleno acceso a Internet y había algunos
pocos sindicatos independientes. Todo esto es impensable en Cuba.
Se
podría argumentar, en contra de lo que decimos, que en aquellas
dictaduras, de Mubarak en Egipto, Pinochet en Chile o de Videla en
Argentina, habían miles de presos políticos, de secuestrados, torturados
y asesinados y que eso no existe en Cuba. Eso es verdad. ¿Pero qué va a
pasar en Cuba cuando surjan las huelgas, las movilizaciones, grupos
guerrilleros, y enfrentamientos con la policía, como ocurrió en aquellos
países? ¿Qué va hacer la dictadura cubana? ¿se va a retirar del poder?
¿va a abandonar sus fabulosos privilegios conseguidos con la
restauración del capitalismo?, o va a reprimir violentamente las
acciones de las masas cuando estas cuestiones esos privilegios.
Para
dar sólo una muestra de lo que puede suceder, veamos lo que está
pasando en Libia. En ese país, al igual que en el resto de los países
árabes, las masas salieron a movilizarse contra la miseria y contra el
dictador, el coronel Gadafi. Frente a esa realidad Gadafi, al igual que
la dirección cubana en el pasado, tuvo serios enfrentamientos con el
imperialismo (hoy es su socio), pero hoy está reprimiendo
sangrientamente esas movilizaciones a tal punto que ha provocado una
guerra civil. ¿De qué lado se ha puesto Fidel Castro en esta guerra? Del
lado del genocida Gadafi.
No
es la primera vez que Fidel adopta una posición de este tipo. Cuando en
1968 los tanques soviéticos aplastaron la revolución checoslovaca
contra la burocracia (la cual acabó llevando ese país a la restauración
del capitalismo), Fidel se puso del lado de los tanques soviéticos
contra los trabajadores y el pueblo de Checoslovaquia. Pero en este
caso, frente a la guerra civil en Libia, no se trata solamente de una
nueva posición equivocada. Se trata de una amenaza a las futuras e
inevitables movilizaciones de las masas en Cuba.
Fidel
ha dicho que no es el pueblo libio quien está queriendo derrocar a
Gadafi, sino el imperialismo. Para eso usa como argumento los bombardeos
de la OTAN y de los Estados Unidos, ocultando el hecho de que el
imperialismo lo que quiere es retomar el control del país (del
petróleo), cosa que fue cuestionado, no por Gadafi, sino por las masas
insurrectas que se levantaron contra él.
Al
colocarse del lado de Kadafi, Fidel no sólo está anunciando que va a
hacer lo mismo que él, en su país, cuando las masas cuestionen su poder,
sino que ya está adelantando los argumentos que va a usar para
justificar la represión contra los trabajadores y la juventud. Va a
decir que todo es obra de los gusanos y de la CIA.
¿No había ni hay otro camino?
No
es verdad que Cuba no tenía o no tiene otra alternativa distinta a caer
en los brazos del capitalismo mundial. Los impresionantes recursos que
brinda la industria turística, la producción y las reservas de níquel,
la producción de azúcar, de café y de tabaco, si estuviesen nuevamente
en manos del Estado, y si el Estado funcionase nuevamente con base en
una economía planificada, sería suficiente, como mínimo, para que los
cubanos tuviesen acceso a los alimentos y a los medicamentos.
Claro
que por más que expropie a la nueva burguesía nacional y a las empresas
imperialistas, sería imposible que Cuba, en forma aislada, supere a los
países capitalistas de la región y ni que hablar de las grandes
potencias imperialistas. ¿Pero por qué Cuba, si expropia nuevamente al
capitalismo, tendría que seguir aislada? Si explotaran decenas de
revoluciones en todo el mundo contra el capitalismo. ¿Qué pasaría si la
dirección cubana apoyase esas revoluciones para que triunfaran? Cuba no
quedaría aislada. Por ejemplo, en Libia las masas están llevando a cabo
una revolución armada contra el dictador Gadafi, muy similar a la que
los cubanos llevaron adelante a fines de la década del ‘50 contra el
dictador Batista. ¿Qué pasaría si la dirección cubana apoyase esa
revolución? Las posibilidades de victoria serían muy superiores, y de
esa forma Cuba quedaría cada vez menos aislada. Pero lamentablemente
desde hace muchos años la dirección cubana no quiere nuevas cubas, por
eso estuvo en contra de la expropiación de la burguesía en Nicaragua y
en El Salvador, y ahora está en contra de la expropiación de los
fabulosos bienes del Coronel Gadafi. Peor aún, en este caso está a favor
del genocida.
No
es verdad que Cuba no tenía otro camino distinto a abrazar el
capitalismo. Quien no tenía otro camino es la dirección cubana por no
haber defendido, desde hace décadas, el camino de la revolución
internacional y sí el de la coexistencia con el capitalismo.
Rodear de solidaridad a los trabajadores y al pueblo cubano
Llamamos
a los obreros, a los campesinos, a los estudiantes y a los
intelectuales, de América Latina y del mundo, a ser solidarios con un
pueblo cubano que está aguantando hambre, soportando una brutal
dictadura y que está siendo amenazado de ser masacrado cuando comience a
levantarse contra sus explotadores y opresores.
Esa
solidaridad debe comenzar por conocer y divulgar lo que realmente pasa
en Cuba. Ese conocimiento será una barrera importante para evitar que se
acuse de agentes de la CIA a los futuros luchadores cubanos y con ese
pretexto sean golpeados, encarcelados o fusilados como está haciendo el
amigo de los hermanos Castro, el coronel Gadafi, en Libia.
Extendemos
este llamado al conjunto de las direcciones de las organizaciones de
izquierda, inclusive a aquellas que son defensoras del actual régimen.
Lo hacemos porque creemos que estas organizaciones, que están siendo
cómplices de la brutal explotación a las que están siendo sometidos los
trabajadores cubanos, aún no han manchado sus manos con la sangre de
esos mismos trabajadores.
Llamamos
en especial a los miles de activistas honestos que en toda parte del
mundo, sin conocer bien la realidad cubana, creen que Cuba es el bastión
del socialismo.
Puede
ser que no confíen en lo que decimos, porque aunque siempre estuvimos
del lado de la revolución cubana, nunca defendimos al régimen de los
hermanos Castro. Pero los llamamos a que se informen por sus propios
medios y que, si fuese posible, viajen a Cuba para ver cómo viven y qué
piensan los trabajadores y el pueblo cubano, para así verificar si lo
que estamos diciendo en esta declaración corresponde a la verdad o no. A
partir de allí lo único que les pedimos es que cuenten la verdad a sus
compañeros de trabajo o estudio.
El régimen cubano está manchando las gloriosas banderas del socialismo
Quizás
lo más nefasto de todo lo que ocurre en Cuba es el hecho de que el
gobierno justifica todo su proyecto contrarrevolucionario (restauración
del capitalismo por medio de una brutal dictadura) en nombre del
socialismo, porque eso provoca estragos en la conciencia de las masas,
en primer lugar de las propias masas cubanas.
En
Cuba queda muy poco, casi nada, de la revolución. La revolución ahora
solo se la puede encontrar en los museos, y sus símbolos: los retratos
del Che, de Fidel y de Camilo Cienfuegos, se han transformado en
suvenires, pero sólo para los turistas porque por más que se busque y
rebusque, en Cuba es prácticamente imposible encontrar a un joven cubano
con una camiseta con el retrato del Che Guevara, con una bandera cubana
y ni que hablar del retrato de Fidel.
Los
cubanos, de esta forma, muestran, no solo por lo que dicen, a toda hora
y en todo momento, sino en sus propias vestimentas, que no quieren
saber nada del gobierno, pero junto con esto, la nefasta política del
gobierno y del Partido Comunista hace que muchos se alejen no sólo del
gobierno sino del socialismo, porque es inevitable que, lamentablemente,
muchos piensen: “si esto es el socialismo, yo no soy socialista,” o
peor aún, que digan: “si esto es socialismo, estoy a favor del
capitalismo”.
Sin
embargo no tenemos derecho a ser pesimistas. Las revoluciones que
derrumbaron las dictaduras de los partidos comunistas del Este europeo,
las movilizaciones de masas de Europa y la revolución árabe, no nos dan
ese derecho, tampoco en Cuba, porque si bien es verdad que la Revolución
del ‘59 sólo se la puede encontrar en los museos, también es verdad que
una nueva y poderosa revolución, contra el actual régimen dictatorial y
restauracionista, se está gestando. Por ahora se expresa en descontento
contra la dictadura, pero no va a pasar mucho tiempo para que ese
descontento, que ya se está transformando en muchos sectores en odio, se
transforme en acción, y cuando esto ocurra se va a entender por qué los
cubanos tienen tanto orgullo de su gente y de su país, a pesar de las
humillaciones diarias a que son sometidos.
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lunes, 30 de enero de 2012
Llamamos a rodear de solidaridad a los trabajadores y al pueblo cubano
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Decir la verdad, por cruda que sea
La “democracia” en Cuba
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